23 de septiembre de 2008

La universidad - Punto de encuentro (Para los nacidos en los 80)




Todos eramos pequeños y en verano nuestros padres nos llevaban un día a la feria del pueblo.

Entonces no nos conocíamos, pero todos compartíamos ese sentimiento común; la alegría de que nuestro padre nos comprara el algodón de azúcar que se nos quedaba repegado entre los labios; el miedo que le teníamos a la gran noria de las fiestas; la alegría de nuestros hermanos, primos o amigos por estar con nosotros; la ilusión al saber que nuestra madre nos esperaba en casa con la cena hecha y el baño de agua caliente que nos incitaba a irnos a la cama minutos después, mientras nuestro abuelo perturbaba nuestros juegos acuáticos al entrar para asearse y hacer pis antes de despedir el día.

Quizás nadie se conocía, pero todos merendábamos a las 5:30 de la tarde, a la salida del colegio, y a todos nos gustó probar alguna vez la pantera rosa (Un bollo que no podía ser nada bueno, pero que nos encantaba, sobre todo por esa crema blanca que lo rellenaba desde dentro). Nos enchufábamos a la tele y nos tragábamos día tras día los Power Rangers, Conan, Tarzán o Xena, la princesa guerrera...

No nos habían presentado antes, pero juntos aunque no revueltos, íbamos a ver la cabalgata de reyes y aguantábamos hasta el final para poder sentarnos en las rodillas de adornados señores con barba que nos daban muchísimo miedo -Aunque sabíamos que no eran malos, pues nos fiábamos de nuestros padres, que parecían estar más emocionados que nosotros al vernos en tal berenjenal-.

Éramos muy pequeños cuando cantábamos la canción de Xusa Park, bailábamos con espinete o reíamos con Miliki y Rita en el programa de los niños con sombreros originales -El "Super guay".

Crecíamos y entonces dejábamos de bañarnos tanto como antes aunque nuestro abuelo hiciera pis más asiduamente. No obstante, en lugar de ser interrumpidos por éste como tantas veces, preferíamos ver Farmacia de Guardia con nuestra madre en el salón; llorábamos con los capítulos más sentimentales y reíamos con los más cómicos, o incluso pudimos aguantar hasta ver como Lourdes y Adolfo estuvieron apunto de casarse de nuevo, pero al final no lo hacían, porque la amistad era más bonita y Emilio Aragón empezaba a colarse como médico de familia en la cadena de al lado.

Después, por unas vías u otras, empezaron a entrar a nuestras casas los CD's de música tan marchosa en recopilatorios enormes que descubríamos que provenían de algo llamado discotecas, en donde había muchos jóvenes como nosotros que sabían divertirse. Por eso y por acompañar a nuestro precóz amigo ligón, empezamos a asistir a todas ellas, y descubriríamos que el colega del hermano del primo segundo era un conocido Relaciones Públicas que podía pasarnos gratis a muchas, porque de lo contrario entraríamos por la cola de los "pringaos" que pagaban.

Seguíamos sin concocernos, pero ambos vivímos con los nuestros el cambio de la peseta al euro, y comentábamos en el recreo, antes de comprar el bocadillo de chorizo de cantimpalo, lo que brillaban las nuevas monedas con respecto a las otras y lo poco que nos gustaba tal cambio -Porque lo antiguo será viejo y quizás más feo, pero cuando nuestro subconsciente se percata de que eso ya no va a volver, odiamos lo nuevo que lo sustituye-.

Algunos fueron quedándose por el camino, escogiendo módulos o abandonando el país por encontrar una vida mejor y óptima, o tras morir en atentados como el de Atocha, que acogimos con terror mientras la ciudad entera lloraba -Ahí estábamos tú y yo, bajo la lluvia de la manifestación que se propuso en Madrid al día siguiente-. Lloramos juntos, y ambos acogimos a los nuestros en casa porque los medios de comunicación nos advirtieron que había avisos de bomba por toda la capital. Hicimos muchos sandwiches dentro y colgamos las banderas de nuestra patria fuera: Todo el mundo tenía que saber que aunque no nos conociéramos, estábamos más unidos que nunca.

Nos quedamos y soportamos los intensos días de selectividad -Sin dormir, sin saber donde había que poner la pegatina del código de barras que identificaba tu examen y con muchos cafés en vena-.

Estuvimos también unidos cuando asistimos a ver las notas para empezar nuestras carreras, y conociste a uno de mis mejores amigos, ese que tuvo la gran idea de celebrar su cumpleaños para que nos presentaran finalmente.

Aquí estamos: Ahora paseamos juntos, por otra de esas ferias de pueblo, y topamos con uno de tantos puestos de algodón de azúcar; muchos niños alrededor se entrecruzan aunque aún no se conocen entre sí; ambos nos miramos y reímos...
¿Te acuerdas?

Un universitario cualquiera.

2 comentarios

Dann dijo...

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Manu Sancero dijo...
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